EXPOSICIONES
2003
Una desarticulación esencial entre sus partes ordena la muestra de Jessica Schneider.
Sus obras, inconexas a nivel del contenido temático, remiten paradójicamente a la idea de reconexión, y ésta, con su memoria y con su experiencia cotidiana. A través del conjunto exhibido ella parece estar tejiendo una trama-narrativa-de su entorno (físico, social, emocional) y su inserción en él, como quien escribe su propia historia como si de una introspección alegórica, fragmentada e iconográfica, se tratase. La constelación de imágenes, estilísticamente relacionadas, cuya emergencia es (casi) por "asociación libre", parece, ante todo, una representación anímica de un insight ocurriendo volcado hacia fuera: ex-sight.
Explorando en su memoria gráfica, como quien la compone, su grafía transcribe desde su actuación estilística de la infancia, un estado de inocencia/inconciencia. "Estoy limpiando mi armario", dice Schneider, citando una canción. Y es justamente en la citación misma que la articulación del propio armario se revela, pues el suyo no es otro que el dominio de la cita, del fragmento, del recuerdo. Ante todo la artista lleva a cabo una recreación, mas no de la memoria, sino de la historia de la memoria.
Por ello esta estructuración estilística privilegia los modelos de la viñeta y el archivo como recursos narrativos, más aún en tanto medios de coordinación (emotiva incluso) de episodios temporal y especialmente disgregados. Lo exhibido no son flashbacks, sino la negociación (estética y discursiva) con el pasado - biográfico, psicológico, artístico, infantil e inmediato- desde el presente.
Un pasado que se conserva -se memorializa- conversando con él, pactando en la iconografía con el recuerdo y entablando mediante una descripción visual la lucha por la propia historia, como quien pretende prevenir su propio olvido.
Max Hernández Calvo
Abril 2003
Sus obras, inconexas a nivel del contenido temático, remiten paradójicamente a la idea de reconexión, y ésta, con su memoria y con su experiencia cotidiana. A través del conjunto exhibido ella parece estar tejiendo una trama-narrativa-de su entorno (físico, social, emocional) y su inserción en él, como quien escribe su propia historia como si de una introspección alegórica, fragmentada e iconográfica, se tratase. La constelación de imágenes, estilísticamente relacionadas, cuya emergencia es (casi) por "asociación libre", parece, ante todo, una representación anímica de un insight ocurriendo volcado hacia fuera: ex-sight.
Explorando en su memoria gráfica, como quien la compone, su grafía transcribe desde su actuación estilística de la infancia, un estado de inocencia/inconciencia. "Estoy limpiando mi armario", dice Schneider, citando una canción. Y es justamente en la citación misma que la articulación del propio armario se revela, pues el suyo no es otro que el dominio de la cita, del fragmento, del recuerdo. Ante todo la artista lleva a cabo una recreación, mas no de la memoria, sino de la historia de la memoria.
Por ello esta estructuración estilística privilegia los modelos de la viñeta y el archivo como recursos narrativos, más aún en tanto medios de coordinación (emotiva incluso) de episodios temporal y especialmente disgregados. Lo exhibido no son flashbacks, sino la negociación (estética y discursiva) con el pasado - biográfico, psicológico, artístico, infantil e inmediato- desde el presente.
Un pasado que se conserva -se memorializa- conversando con él, pactando en la iconografía con el recuerdo y entablando mediante una descripción visual la lucha por la propia historia, como quien pretende prevenir su propio olvido.
Max Hernández Calvo
Abril 2003