EXPOSICIONES
Óleo y Acrílicos
Artista
Hugo Sbernini
Artista
Hugo Sbernini
1995
Hablar de la calidad de la obra del pintor argentino Hugo Sbernini es tarea innecesaria. El acabado de sus lienzos y su alta exigencia formal devienen realidades incuestionables. La exégesis, en casos como este, habrá de ceñirse a la necesidad de proponer una lectura que crea descubrir (o por lo menos denunciar) los móviles que permiten la consumación de la obra.
Seguidor de las tendencias hiperrealistas, el artista se propone mostrarnos ciertas zonas de la realidad. Dichas zonas, hiper bolizadas, no apuntan, precisamente, a evidenciar nuestra humana condición -habremos de notar que las figuras humanas o están de espalda, como en Noche en Venecia, o se cubren el rostro, como en La Visita, sino que el hombre forma parte de un pre-texto que anticipa un texto donde la obsesión ornamental rige y dirige los sentidos tanto del artista como del cómplice (y maravillado) espectador.
La participacion del artista en la estetica surrealizante no cumple tampoco, una funcion que distancia lo “real” de lo “irreal. Si las dimensiones de las figuras que presentan no son “normales”, ello obedece una intencion racional: la enajenacion que produce la opulencia (en el caso de Sbernini, la palabra clave) alcanza fronteras impensadas.
Obsesionado por los ambientes "dulcemente burgueses" (recor damos un hermoso título: El dulce encanto de la burguesia),la obra de este pintor argentino que triunfa en Francia hace un canto de alabanza a los salones de gran estilo, a la decoración suntuosa y, con ello, nos habla -no cabe duda-de cierta idealización de un mundo donde el oro brilla como el oro y donde la seda es indicio de majestuosidad.
Una obra que técnicamente presenciamos acrílicos puede ser
tildada de impecable, insiste en mostrarnos el detalle escogido de una realidad que ya no vemos porque no vivimos en los áureos ambientes o porque el incesante correr por un tiempo que no nos pertenece nos vuelve, sin que lo sepamos, incapaces de ver.
Hugo Sbernini subraya la realidad de un mundo idealizado, es cierto, y también nos indica que la posibilidad de detener la mirada y entrar en los espacios soñados no se ha vuelto, del todo, labor imposible.
La osadía de la hazaña del artista —actitud romántica— nos hace viajar a los parajes orientales y a las noches de salón de Venecia , con la finalidad de rescatar los mundos perdidos por nuestra pobre imaginación.
Seguidor de las tendencias hiperrealistas, el artista se propone mostrarnos ciertas zonas de la realidad. Dichas zonas, hiper bolizadas, no apuntan, precisamente, a evidenciar nuestra humana condición -habremos de notar que las figuras humanas o están de espalda, como en Noche en Venecia, o se cubren el rostro, como en La Visita, sino que el hombre forma parte de un pre-texto que anticipa un texto donde la obsesión ornamental rige y dirige los sentidos tanto del artista como del cómplice (y maravillado) espectador.
La participacion del artista en la estetica surrealizante no cumple tampoco, una funcion que distancia lo “real” de lo “irreal. Si las dimensiones de las figuras que presentan no son “normales”, ello obedece una intencion racional: la enajenacion que produce la opulencia (en el caso de Sbernini, la palabra clave) alcanza fronteras impensadas.
Obsesionado por los ambientes "dulcemente burgueses" (recor damos un hermoso título: El dulce encanto de la burguesia),la obra de este pintor argentino que triunfa en Francia hace un canto de alabanza a los salones de gran estilo, a la decoración suntuosa y, con ello, nos habla -no cabe duda-de cierta idealización de un mundo donde el oro brilla como el oro y donde la seda es indicio de majestuosidad.
Una obra que técnicamente presenciamos acrílicos puede ser
tildada de impecable, insiste en mostrarnos el detalle escogido de una realidad que ya no vemos porque no vivimos en los áureos ambientes o porque el incesante correr por un tiempo que no nos pertenece nos vuelve, sin que lo sepamos, incapaces de ver.
Hugo Sbernini subraya la realidad de un mundo idealizado, es cierto, y también nos indica que la posibilidad de detener la mirada y entrar en los espacios soñados no se ha vuelto, del todo, labor imposible.
La osadía de la hazaña del artista —actitud romántica— nos hace viajar a los parajes orientales y a las noches de salón de Venecia , con la finalidad de rescatar los mundos perdidos por nuestra pobre imaginación.
Panamá, 1 de septiembre de 1995.