EXPOSICIONES
2008
Los universos contrapuestos de Pedro y Sebastián Icaza
La escultura es el arte de las formas, es el espacio recortado por la materia y el volumen sobre el cual se desplaza la ubicuidad de la mirada. Es al mismo tiempo el todo y la parte del todo en que gravita la imaginación en un esfuerzo por extraer de la materia la pureza de la forma. También es el empeño en la torsión y distorsión de la imagen con el agregado de elementos o el repujado del metal. En fin, la escultura es una forma de expresión que juega con las reciprocidades del movimiento y el volumen, para crear en la imprecisión de la imagen un modelo ideal que brota del acto de creacion.
En los trabajos de estos dos jóvenes escultores unidos por vínculos consanguíneos e identificados por la unidad de propósitos, encontramos ese un impulso vital por el acto de creación y la voluntad de hacer, pero al mismo tiempo vertientes conceptuales que los ubican técnica y estéticamente en universos opuestos. Procedentes de una familia de artistas, han mostrado desde muy temprano la inclinación hacia el mundo de la imaginación en el cual se reviven los recuerdos pero también se plasman las angustias. En un diálogo silencioso entre la forma y la idea nos proponen cada cual su mundo personal e inquietudes con la diversidad de sus discursos plásticos. En esas antípodas en que se debate la experiencia humana, los trabajos de Pedro Icaza logrados con la torsión y fragilidad del vidrio contrastan visiblemente con la obra en gres, simbólica y recurrente, de Sebastián Icaza, en que se plasman los sueños y el relato lúdico. Contemplamos así dos escenarios del arte en que se revelan características personales pero también una vocación por la materia dominada.
Próximo a las manifestaciones del expre-sionismo, Pedro Icaza hace uso de la ductilidad del vidrio, del contraste entre la opacidad y la transparencia, para conmovernos con atormentadas visiones del alma en las cuales deconstruye la complacencia y superficialidad de la vida cotidiana.
En un viaje a las interioridades, busca en atormentados rostros y deformes calvarios, el averno que subyace en cada uno de nosotros. Como Orfeo que regresa del futuro, nos ofrece una radiografía de nuestro tiempo en donde emerge la pregunta por el ser y la incertidumbre del hombre contemporáneo. Pasión y raigambre en el drama de la existencia son los elementos que nos conmueven y llevan a la reflexión.
La figura del héroe, la presencia del símbolo y los sueños reiterados de la infancia forman parte del juego de figuraciones que propone Sebastián Icaza. Con la plasticidad de la cerámica engarza y suspende sus personajes en un atrevido juego de aproximaciones que nos devuelve la esperanza en la utopía o en la victoria del combate que es la vida. Inhiestos en la verticalidad de la estructura o engarzados en movimientos circulares, su trabajo es una invitación a la fantasía y a la recreación de imaginarias situaciones en donde todos somos protagonistas.
La persistencia de ese sentimiento de atracción por lo telúrico, por lo inmediato y lo concreto que proporciona la cerámica de Sebastián, nos sitúa en una realidad conexa entre la imaginación y lo prag-mático, sin que necesariamente establezca anclajes en ninguno de los dos. La espon. taneidad y la tuerza de sus relatos visuales nos devuelven al perdido mundo de lo imaginario.
Estas experiencias de sueños y materiali dad que nos brindan los hermanos Icaza, emergen como manifestación de la libertad del acto creador, sin precondiciones y con la naturalidad que sólo la búsqueda y la experimentación son capaces de lograr.
Comprometernos con esa libertad y nos invitan con renovado espíritu a escudriñar en las fisuras, códigos y posibilidades de ese juego fantástico para hacernos paric-Pes de esa experiencia única que es la obra de arte.
Pedro Luis Prados Saldaña, Panamá, junio 2008.
La escultura es el arte de las formas, es el espacio recortado por la materia y el volumen sobre el cual se desplaza la ubicuidad de la mirada. Es al mismo tiempo el todo y la parte del todo en que gravita la imaginación en un esfuerzo por extraer de la materia la pureza de la forma. También es el empeño en la torsión y distorsión de la imagen con el agregado de elementos o el repujado del metal. En fin, la escultura es una forma de expresión que juega con las reciprocidades del movimiento y el volumen, para crear en la imprecisión de la imagen un modelo ideal que brota del acto de creacion.
En los trabajos de estos dos jóvenes escultores unidos por vínculos consanguíneos e identificados por la unidad de propósitos, encontramos ese un impulso vital por el acto de creación y la voluntad de hacer, pero al mismo tiempo vertientes conceptuales que los ubican técnica y estéticamente en universos opuestos. Procedentes de una familia de artistas, han mostrado desde muy temprano la inclinación hacia el mundo de la imaginación en el cual se reviven los recuerdos pero también se plasman las angustias. En un diálogo silencioso entre la forma y la idea nos proponen cada cual su mundo personal e inquietudes con la diversidad de sus discursos plásticos. En esas antípodas en que se debate la experiencia humana, los trabajos de Pedro Icaza logrados con la torsión y fragilidad del vidrio contrastan visiblemente con la obra en gres, simbólica y recurrente, de Sebastián Icaza, en que se plasman los sueños y el relato lúdico. Contemplamos así dos escenarios del arte en que se revelan características personales pero también una vocación por la materia dominada.
Próximo a las manifestaciones del expre-sionismo, Pedro Icaza hace uso de la ductilidad del vidrio, del contraste entre la opacidad y la transparencia, para conmovernos con atormentadas visiones del alma en las cuales deconstruye la complacencia y superficialidad de la vida cotidiana.
En un viaje a las interioridades, busca en atormentados rostros y deformes calvarios, el averno que subyace en cada uno de nosotros. Como Orfeo que regresa del futuro, nos ofrece una radiografía de nuestro tiempo en donde emerge la pregunta por el ser y la incertidumbre del hombre contemporáneo. Pasión y raigambre en el drama de la existencia son los elementos que nos conmueven y llevan a la reflexión.
La figura del héroe, la presencia del símbolo y los sueños reiterados de la infancia forman parte del juego de figuraciones que propone Sebastián Icaza. Con la plasticidad de la cerámica engarza y suspende sus personajes en un atrevido juego de aproximaciones que nos devuelve la esperanza en la utopía o en la victoria del combate que es la vida. Inhiestos en la verticalidad de la estructura o engarzados en movimientos circulares, su trabajo es una invitación a la fantasía y a la recreación de imaginarias situaciones en donde todos somos protagonistas.
La persistencia de ese sentimiento de atracción por lo telúrico, por lo inmediato y lo concreto que proporciona la cerámica de Sebastián, nos sitúa en una realidad conexa entre la imaginación y lo prag-mático, sin que necesariamente establezca anclajes en ninguno de los dos. La espon. taneidad y la tuerza de sus relatos visuales nos devuelven al perdido mundo de lo imaginario.
Estas experiencias de sueños y materiali dad que nos brindan los hermanos Icaza, emergen como manifestación de la libertad del acto creador, sin precondiciones y con la naturalidad que sólo la búsqueda y la experimentación son capaces de lograr.
Comprometernos con esa libertad y nos invitan con renovado espíritu a escudriñar en las fisuras, códigos y posibilidades de ese juego fantástico para hacernos paric-Pes de esa experiencia única que es la obra de arte.
Pedro Luis Prados Saldaña, Panamá, junio 2008.