EXPOSICIONES
2003
Raúl Ceville llega a Florencia en un año muy particular: el 4 de noviembre de 1966 el rio Arno rompe el dique e invade nuestra ciudad; el fango está por todas partes y numerosas obras de arte sufren graves daños, al mismo tiempo el mundo cultural se ve profundamente afectado.
Con este evento surge inmediatamente una voluntad y un espiritu de reconstrucción ligados estrechamente a un decidido crecimiento cultural y artistico. Y es en este contexto particular y artístico que Ceville se introduce y como un hombre del Renacimiento empieza su labor de experimentación obteniendo pronto un profundo reconocimiento.
Su mente de artista es fresca y abierta, posee la capacidad de escoger y recoger de la cultura florentina los aspectos mejores, los cuales se insertan y amalgaman en su pensamiento panameño.
Panamá, su tierra natal, raíz que Ceville ni ha olvidado ni ha descuidado nunca, la ha llevado siempre consigo y el resultado de todo ello es un arte sin confines culturales.
Entramos ahora con tacto, con atención, con respeto, en silencio, en los juegos que Ceville nos propone e incluso me atrevería a decir que nos ofrece.
De manera inmediata nos sentimos raptados y encantados por los colores aplicados con cuidado sobre el lienzo, éstos se dilatan a nuestro alrededor como si quisieran ser respirados.
Los colores se desplegan y se acercan en una relación que produce una fuerte, decidida e intensa armonía de sabio equilibrio.
La luz que anima el color no tiene una única dirección, actúa y se dilata en total libertad creando una situación musical que desemboca en un movimiento de danza.
Aquí no existe la regla de luces y sombras dictada por la rigidez de la academia, aunque Ceville la conoce muy bien. Nos encontramos con la superación de los esquemas, un aliento más amplio y libre.
Podemos afirmar que el artista ha sabido, tras muchos años de profunda experimentación y de duro trabajo, crear una paleta de colores única, original e irrepetible.
Después nuestra mente se deja transportar desde la totalidad del cuadro y con naturalidad empezamos a movernos en un paseo tranquilo y sereno entre el amarillo, el verde, el azul....
Encontramos senderos que se desarrollan, se rozan, se cruzan y juntos los recorre-mos; después descubrimos movimientos geométricos escondidos, líneas verticales decididas como árboles que rozan el cielo y, de repente, rebuscando hallamos un umbral.
Tenemos la conciencia de estar en un punto importante, focal, la luz es intensa, deslumbrante y probamos un profundo deseo de perforar el lienzo con la emoción del descubrimiento.
Es alli donde esta el alma de Raúl Ceville, de este artista que nos invita a ir adelante, más allá de los colores, más allá de la forma, más allá de las distracciones; más alla........
Buen paseo
Mario Cenni, Florencia 2007
Con este evento surge inmediatamente una voluntad y un espiritu de reconstrucción ligados estrechamente a un decidido crecimiento cultural y artistico. Y es en este contexto particular y artístico que Ceville se introduce y como un hombre del Renacimiento empieza su labor de experimentación obteniendo pronto un profundo reconocimiento.
Su mente de artista es fresca y abierta, posee la capacidad de escoger y recoger de la cultura florentina los aspectos mejores, los cuales se insertan y amalgaman en su pensamiento panameño.
Panamá, su tierra natal, raíz que Ceville ni ha olvidado ni ha descuidado nunca, la ha llevado siempre consigo y el resultado de todo ello es un arte sin confines culturales.
Entramos ahora con tacto, con atención, con respeto, en silencio, en los juegos que Ceville nos propone e incluso me atrevería a decir que nos ofrece.
De manera inmediata nos sentimos raptados y encantados por los colores aplicados con cuidado sobre el lienzo, éstos se dilatan a nuestro alrededor como si quisieran ser respirados.
Los colores se desplegan y se acercan en una relación que produce una fuerte, decidida e intensa armonía de sabio equilibrio.
La luz que anima el color no tiene una única dirección, actúa y se dilata en total libertad creando una situación musical que desemboca en un movimiento de danza.
Aquí no existe la regla de luces y sombras dictada por la rigidez de la academia, aunque Ceville la conoce muy bien. Nos encontramos con la superación de los esquemas, un aliento más amplio y libre.
Podemos afirmar que el artista ha sabido, tras muchos años de profunda experimentación y de duro trabajo, crear una paleta de colores única, original e irrepetible.
Después nuestra mente se deja transportar desde la totalidad del cuadro y con naturalidad empezamos a movernos en un paseo tranquilo y sereno entre el amarillo, el verde, el azul....
Encontramos senderos que se desarrollan, se rozan, se cruzan y juntos los recorre-mos; después descubrimos movimientos geométricos escondidos, líneas verticales decididas como árboles que rozan el cielo y, de repente, rebuscando hallamos un umbral.
Tenemos la conciencia de estar en un punto importante, focal, la luz es intensa, deslumbrante y probamos un profundo deseo de perforar el lienzo con la emoción del descubrimiento.
Es alli donde esta el alma de Raúl Ceville, de este artista que nos invita a ir adelante, más allá de los colores, más allá de la forma, más allá de las distracciones; más alla........
Buen paseo
Mario Cenni, Florencia 2007