EXPOSICIONES


Juan Carlos Marcos
1993

He seguido con real interés el devenir de la obra de Juan Carlos Marcos como pintor desde hace mucho tiempo, digamos, que desde siempre.
Desde sus primeros balbuceos tratando de dominar un "mestiere" que se le ofrecía esquivo, hasta su obra actual preocupado por dominar "el mestiere" que aún se le antoja, esquivo.

Entre aquellos y ésta han transcurrido cuarenta años de pintura, cuya íntima cohe-rencia, si bien, mal testimoniada a causa de sus esporádicas apariciones públicas, ha ido comprometiendo su madurez en una línea que se intuye ya en sus primeras obras de los años cincuenta.

Desde el enfrentamiento a la superficie virgen de la tela, ansiosa insaciable de mil aventuras sobre la cual deberá producirse el milagro de la realización; sobre la cual quedará la huella de la batalla de la razón o del acto de amor, Marcos siente que esa superficie nunca será ni la batalla ni el acto de amor, ni siquiera su representación. Que solamente será el lugar en el cual tuvieron lugar los hechos de los cuales solo quedarán los restos de una memoria que tendrá que llevar a cuestas el peso de su propia am-bigüedad, entre lo ocurrido y lo real, entre lo significado y el significado, entre la superficie pintada y su propia representación.
Marcos no entiende el cuadro como una ventana abierta, y por lo tanto transitable, al exterior de lo representado ni al interior de las propias emociones, sino como una superficie que conservará adherida, por simpre, el cúmulo de vivencias, intenciones, gestos, etc. Desarrollados durante la realización y que, asi, como el frontón devuelve cada pelota que se le arroja, esa superficie responderá al instante de cada espectador teniendo tantas vidas como espectadores tenga.
Por eso, tal vez, por esa categorización de la superficie, Marcos ha privilegiado el
"oficio" en desmedro de la temática, hasta el punto de haber pintado por años y de forma excluyente, una y otra vez, el mismo cuadro. "El cuadro único" cuyas versiones pueden explicarse por las diferencias circunstanciales en el momento de la realización.

Hoy en esta etapa de su quehacer, Marcos nos presenta la continuidad de la serie comenzada hace algunos años del'Cuadro único", en obras cuya superficie es invadida por referencias cuya representación pretende tener la virtud de ser "posibles" desvirtualizando con su aparente presencia, la superficie que guarda la memoria.

D. Nobile
Buenos Aires 1993


Artista
Juan Carlos Marcos



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