EXPOSICIONES



Armonia Teluricas

Artista
Guillermo Trujillo
2014

"Las cosas no son como fueron, sino como las recordamos...

Aún estoy en el proceso de conocer al Maestro Guillermo Trujillo. Debo confesar que es la primera vez que tengo la oportunidad de conversar con un artista acerca de su proceso creativo, de sus intenciones y de lo que él plasma en su obra. Así que tomé una de las más gratificantes tareas que fue la de sentarme a conversar con uno de los grandes maestros de la plástica panameña durante varias tardes en su estudio, rodeados de obras de arte. En esas conversaciones el maestro Trujillo me habló de la manera en que pinta. Por ejemplo, me reveló que las composicionesque resultan en cuadros compositivamente tan organizados provienen de una serie de manchas que pinta casi instintivamente como base del cuadro. De las manchas van surgiendo las figuras. Figuras que yo interpreto como brotes de energía de la tierra, desde los paisajes que perennemente dominan su obra.

Luego el maestro me contó anécdotas de su niñez, de cómo desde un peñón camino a la escuela se veía todo Volcán, de cuando arriaba ganado de un potrero a otro, de cómo a los nueve años se fue de Horconcitos. Allí, como dos caballeros de principios del siglo XX nos dedicamos a la tertulia. Allí le pregunté sobre su vida, la situación de la cultura y las artes en Panamá, de su trabajo en la Universidad Nacional, hasta sus fuentes de inspiración, su filosofía, el taller de alfarería, sus esculturas, y su manera de ver las cosas. Lo que traté fue de conocer al artista de manera que pudiera asegurar que lo que veía yo en su obra era cónsono con su intencionalidad o ver si eran simplemente mis propias conjeturas.

La obra de Trujillo siempre me ha parecido enigmáticamente atractiva. Luego de un vistazo a cada lienzo, dentro de sus paisajes pictóricamente balanceados y armoniosos, empezamos a adivinar formas. Primero formas telúricas y a la vez rítmicas de valles y montañas como en

"El Peñón" y "El Pueblo en Procesión" coronados siempre por cielos bañados de luz o bienincendiados de amarillos, naranjas, y rojos cuando se trata de atardeceres como "Paisaje

Chiricano" y "Finca para Ganado" Estos accidentes geográficos que parecen provenir de un mundo virtual, en realidad hacen eco fiel de las formas montañosas de nuestro Panamá cuando las comparamos con la topografia de las tierras altas chiricanas o la de la Cordillera Central, pero matizadas por los recuerdos del Maestro Trujillo. Por casualidad, mi trabajo me llevó recientemente a Volcán, en la Provincia de Chiriquí mientras aún componía este ensayo.

Esta visita fue muy reveladora ya que veía un Trujilo en cada paisaje de estas tierras que visitaba después de casi veinte años. Vílos recuerdos de Trujillo en su forma natural y simultáneamente reconocí en las visiones del maestro las formas geográficas tan características del paisaje chiricano: las heliconias, las estacas que vuelven a retoñar que separan los linderos de las fincas, los árboles que crecen en diagonal, las lagunas, y el majestuoso Volcán Barú. Invito al lector a buscar estos elementos en las composiciones que presenta este catálogo.

Siguiendo este estudio de la obra de nuestro artista, luego descubrimos las formas vegetales que emergen de la tierra en dirección vertical ya sea perpendiculares al suelo, en formas ondulantes, o en fuertes diagonales que dividen y dominan la composición como en

"Arrozales" y "Por Campana." Esta flora puede evocar, o bien los poéticos árboles de ramas secas como en "Paisaje de Dolega," o bien una lujuriosa selva de serpenteante vegetación dotada de gran movimiento como aparece en "La Iguana," lienzo en el que también se presenta agazapada entre los verdes, la única referencia realista de la fauna local panameña.

Esta obra me trajo a la memoria el tema de la tierra y el paisaje como uno de los fuertes denominadores comunes de la pintura latinoamericana, como ocurre con Wifredo Lam, en "La Jungla" Pero lejos de la tenebrosa selva de Lam, Trujillo nos presenta intrincadas formas vegetales que nos invitan a adentrarnos en su espesura para llegar a un precioso atardecer al fondo. Esta referencia a la tierra que nos ofrece el pintor y su maestría composicional y cromática lo posiciona entre los grandes de la pintura latinoamericana.

Ocasionalmente, aunque no siempre, emergen en los lienzos la figura humana alargada, ya sea como extensión de la vegetación o de la tierra como en "Seis Santones, "Dos Hijos del Chamán" y "Adán y Eva." Pero quiénes son estas personas? El artista prefiere no decirnos con certeza. Son a veces "Los Espectros del Bosque" que emergen de entre las sombras de los árboles cuando menos lo esperamos. Son el macho y la hembra primigenios. O pueden ser un pueblo en procesión o bien campesinas de fiesta; figuras locales pero a la vez universales.

El grupo femenino de bañistas nos recuerda a las controversiales damas de la obra de Manet, "Le Déjeuner Sur L Herbe" pero con una visión lícita del cuerpo femenino. Parecemos habernos encontrado con un grupo de ellas al bajar al río, sin que ellas hayan advertido nuestra presencia, admiramos su belleza, la interacción entre ellas y con el ambiente, pero en secreto. También observamos grupos de vigorosos bañistas masculinos semidesnudos como en "Río en Gualaca" y jugadores de la Balsería gnäbe, competencias donde los machos miden fuerza y destreza para hacerse de autoridad y escoger, como me dijo el mismo maestro, "a las mejores hembras." El artista recuerda haber sido testigo de estas competencias en las montañas de Chiriquí cuando aún era un niño.

Estas figuras viriles se presentan de la manera más visceral en "Guerreros," en donde varios perfiles emergen de las formas vegetales y se yerguen sobre la tierra como un amasijo de miembros y venas verticales contrastando con un paisaje sereno y horizontal. La fuerza masculina, la rica calidad cromática de las formas espigadas, y su contraste y a la vez inclusión dentro del paisaje, hace de ésta una de mis piezas favoritas de la muestra. Además presenta una obra que identifica inmediatamente la trayectoria del maestro pero a su vez replantea sus símbolos de manera innovadora y robusta pero sin dejar de ser elegante; una de las características más preponderantes de nuestro artista. En las figuras de Trujillo sin embargo, no existe referencia alguna a la individualidad o al personaje, porque estas figuras representan a toda la humanidad en diferentes facetas y porque hacer referencias personales atentaría contra la armonía universal que se recoge en su obra.

Aprovecho esta coyuntura para hacer referencia a un tema importante que veo en la obra de Guillermo Trujillo a través de sus muchas décadas de actividad artística y que esta muestra también recoge con excelencia. El artista no sólo ha sabido plasmar formas y composiciones que inmediatamente lo identifican tras haberse inventado un idioma visual propio a través de muchas décadas. Sino que también hace referencia, sin apoyarse en el Costumbrismo ni en eventos específicos, a nuestros paisajes naturales y culturales. Estas referencias se han hecho de manera sutil y quizás imperceptible para algunos mediante evocaciones de nuestras formas totémicas recogidas en la alfarería precolombina como las aristas doradas de "Visiones al Atardecer" que hace eco a las aves modeladas de las vasijas Zumbo (550-700 d.C), encontradas en enterramientos en el suroeste veragüense. Aparecen los "nuchus" o figuras ceremoniales que representan espíritus ancestrales gunas y utilizados en rituales curativos, como en "Reunión de Nuchos en el Jardín." Y también aparecen los bastones ceremoniales emberá, parecidos a las formas verticales que podemos ver en "Los Hijos del Chamán.

Con estas referencias Trujillo no trata de explicar las mitologías indígenas tradicionales sino que inventa las suyas propias. Su pintura nos brinda un lenguaje visual local cuyos elementos simbólicos se pueden leer e interpretar fácilmente por los panameños que entienden de arte precolombino o de las costumbres de nuestros grupos indígenas. Pero lejos de resumirse a una lectura exclusivamente local o etnográfica, el maestro reúne elementos visuales universales que tienen suficiente referencia al mundo natural para ser leídas por un público global. He aquí la maestría de Trujillo, la de plasmar un lenguaje pictórico que es simultáneamente local y universal. El pintor nos da una ventana subjetiva a los recuerdos de su niñez, pero con un código visual en el cual cada uno puede ver una imagen legible e interpretable. Trujillo hace referencia a temas de su tierra, de Horconcitos, de Chiriquí, de Panamá, de Latinoamérica, pero con alcance mundial. Si yo fuera el filósofo José Vasconcelos, escogería la obra de Trujillo para representar la versión panameña de la "Raza Cósmica, esa filosofía que buscaba enaltecer la identidad nacional a pesar de centurias de racismo ideológico que nos subyuga prácticamente al nacer. La raza cósmica de la que habla Vasconcelos es aquella que como nuestro Istmo tiene la misión de servir de puente. No contamos con los grandes imperios Inca o Azteca que engrandezcan la memoria histórica de nuestro país, y nada podemos hacer por revivir nuestro pasado indígena. Pero en nuestro suelo se han fraguado sus sangres con otras mil razas más para crear una raza universal que según Vasconcelos es "fruto de las anteriores y superación de todo lo pasado. Las referencias locales y el impacto global de las obras de Trujillo son metáforas de esta filosofía, además de su trayectoria. Hasta donde ha llegado ese muchacho de Horconcitos!

A través de su pintura el maestro nos traduce las energías de los elementos, las canaliza, y hace entendibles para el ser humano, y esto es precisamente lo que hacen los chamanes emberá, conocidos como jaibanás. El jaibaná es generalmente un hombre, sin ningún tipo de seña particular. Inicia su aprendizaje desde niño, pero siempre guiado por un maestro que le precede cronológicamente y de quien aprende la sabiduría. Según la concepción emberá, estos chamanes están relacionados con la fuerza vital del mundo, de cada ser viviente u objeto inerte. Según la misma tradición, todas las cosas que existen poseen esa esencia que los hace existir; a ella es a lo que llaman "jai, y esa esencia también vive en una realidad aparte de la cotidiana. Esta realidad alterna, o la realidad de los recuerdos idílicos es la que presenta el artista en su obra. Cual jaibaná, Trujillo se ha transformado una vez más en canal de los mundos espirituales paralelos y nos deja ver en sus cuadros, ventanas hacia ellos.

Finalmente, analizando los fondos de sus cuadros, observamos que con pincelada precisa, intercalada, e increíblemente cromática, nuestro artista crea un mosaico de pixeles hechos a pequeñas pinceladas que a lo lejos se funden para crear una gradiente dinámico y complejode color. Este efecto cromático que dota a los lienzos de profundidad, también lo vemos en su máxima expresión en "Cuatro Mujeres Nagual en donde el maestro utiliza atrevidamente colores análogos con brillantes y armoniosos resultados.

Creo que los panameños aún no hemos terminado de descubrir a Trujillo porque aún no nos hemos terminado de descubrir a nosotros mismos como nación. Bajo la presión del mundo moderno, de tratar de pertenecer al primer mundo a través de la tecnología y la explosión desmesurada de las construcciones y los ríos, la globalización y la adquisición de bienes, se nos ha olvidado observar de donde venimos, quiénes somos, quiénes son nuestros ancestros culturales y de quienes heredamos la tierra, y como vivían al menos en más armonía con su entorno natural. Su obra nos llama a buscar esa paz en y con la naturaleza. En una de mis conversaciones con el maestro, le conté acerca de la dura lucha que se hace en Panamá para que se le preste más importancia a la cultura y a las artes, como parte integral de nuestra nacionalidad. Poco conocen las nuevas generaciones, de nuestro propio arte y nuestra historia. Muchas veces, los que nos movemos en estos círculos sentimos que nuestras luchas son infructuosas, y si acaso logramos cambios mínimos y tempo-rales. Don Guillermo, pese a muchos sinsabores que tuvo en su larga trayectoria como profesor en la Universidad Nacional, me instó a seguir luchando por la cultura, a seguir educando a las a las generaciones más jóvenes. Y yo le prometi hacerlo, y en silencio prometi diseminar entre mis estudiantes la huella de artistas como él.

Volviendo a su pintura, tratamos de adivinar porque Trujillo pintó esta o tal forma, y la verdad es que puede que lo que veamos sean puras asunciones porque su intención es tan suya como las formas que las nubes deciden tomar en el cielo; son su creación y su propio albedrío caprichoso. La organización de su mundo subjetivo y personal de armonías telúricas evocan un pasado no histórico pero idílico. De recuerdos escogidos e idealizadosque sólo pueden tener los que han vivido muchas décadas. De recuerdos tamizados como los matices de los lienzos. Sin embargo, en estos paisajes curados y preñados de recuerdos del artista, vemos en su sublime balance, una metáfora de la armonía del universo, en donde reina la paz porque nos damos cuenta de que cada uno de los miembros de este universo estamos conectados mediante el "ai," esa fuerza vital invisible al ojo humano pero que el gran Maestro Trujillo nos permite visualizar a través de su obra.

Volcán, Chiriquí, 2 de octubre de 2014.

Dr. Orlando Hernández Ying